El fin de semana fuimos al cine y nos pasó eso que, de unos años a esta parte, ocurre rara vez: vimos una buena película, Promesas del este, de David Cronenberg - aquel de Videodrome, Scanners, y más recientemente Una historia de violencia. En ésta, repite el protagónico de Una historia de violencia ese actor de verdad que es Viggo Mortensen - Aragorn para los amigos - que impresiona en su composición de Nikolai, el chofer de una familia mafiosa rusa en Londres. Digo que impresiona porque quien se haya topado alguna vez con un mafioso de barrio, verá en Nikolai esos movimientos, mirada y hasta las inflexiones de la voz… Por supuesto que, como con cualquier otra película, hay que verla en la versión original, en ruso e inglés, y no con ese siniestro invento español denominado doblaje.
El resto del elenco no se queda atrás: Armin Mueller-Stahl como Semyon (el jefe de la banda), Vincent Cassel como su transtornado hijo Kirill y Naomi Watts como Anna (una enfermera de origen ruso cuyo camino se cruzará trágicamente con el de los mafiosos), entre otros. En resumen, una película que de haberse filmado en los años 40, hoy sería un clásico. Lamentablemente le ha tocado ver la luz en esta destartalada época de cine de superhéroes y costumbrismo trivial e intrascendente. Calificación: 9 cadornas.
Y hablando de Viggo Mortensen, que, como es sabido, es hijo de madre argentina - donde vivió entre los 3 y los 12 años -, toma mate - va a todos lados con el termo - y es fanático de San Lorenzo - se cuenta, entre otras historias, que estando en Buenos Aires por la promoción de una película, alquiló un auto para irse manejando 300 km para ver al Ciclón en Rosario - decía, encontré esta página donde cuenta el viaje que hizo en mayo con un grupo de antropólogos hasta Tartagal, en la provincia de Salta, para desarrollar un proyecto cultural y de integración con comunidades indígenas. Un grande Viggo, que se fue cargado de banderines de San Lorenzo para ver, de paso, si lograba convertir a alguno.
Y cambiando casi radicalmente de tema - cosa que puedo hacer porque gracias al destino esto es un blog - pero enlazando con uno de los temas de la película - el tráfico de personas - leo hoy una noticia por la cual el gobierno del Chad habría detenido, acusándolos de “pedófilos” a integrantes de una ONG, franceses y españoles, que habrían intentado sacar del país rumbo a Europa a 103 niños refugiados del Conflicto de Darfur. El problema es que el Chad no permite la adopción internacional, y además, pequeño detalle, los niños no son huérfanos. Los adultos que los esperaban en Europa habrían pagado varios miles de euros por cada niño. Cosas bonitas que pasan en nuestro mundo.


