El laberinto

La cosa es más o menos así:
El chabón está hablando con su mina (esposa, novia, amante…). La conversación es tranquila, o agradable, o divertida, y de pronto el punto dice algo. Es algo que a priori, el susodicho no juzga ni irritante ni ofensivo ni molesto, pero, para su desconcierto, sí lo es para su compañera, que lo interpreta del peor modo posible; inclusive con una interpretación que su partenaire no habría jamás sido capaz de imaginar. Entonces el tipo intenta disculparse, pero ya es tarde: todas y cada una de las palabras que salgan de su boca serán indefectiblemente utilizadas para incrementar los cargos en su contra, y así rápidamente el quía termina adentro de un laberinto dialéctico semántico al que no tiene ni idea de como entró, y mucho menos como salir.
Le pregunté a varios amigos si alguna vez les había tocado experimentar algo así. Todos coincidieron. Inclusive uno me dijo que tuvo una relación que consistió exclusivamente en todas situaciones de este tipo, encadenadas sucesivamente unas con otras.
¿Alguno conoce la moraleja de esta historia?