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Les copio un pedacito muy interesante de una entrevista a Noam Chomsky publicada en Tendencias 21:
“La ciencia trata de cosas muy simples y formula preguntas básicas sobre ellas. Tan pronto como la ciencia se hace más compleja, ya no es capaz de responderlas. La razón de que la física pueda llegar a tales profundidades es porque se limita a cosas extremadamente simples, prescindiendo de la complejidad del mundo …”. “La ciencia difícilmente alcanza los asuntos humanos. Las circunstancias humanas son demasiado complicadas. Incluso comprender los insectos es un problema demasiado complicado para la ciencia. Así, las ciencias que tenemos no nos dicen apenas nada de las dimensiones humanas”.
La ciencia, para Chomsky, conoce el mundo, pero muy pobremente. Pero, sin embargo, frente a esta “visión precaria”, ofrece la visión prepotente de un conocimiento absoluto ilusorio que funda una instancia de poder falsa. El “ídolo” de un conocimiento final que se impone, resuelve las cosas, y sustituye nuestra responsabilidad humana de vivir comprometidamente ante el enigma.
El poder de la política es algo semejante. Se crea la ficción de que el concimiento (e incluso la ciencia) impone ciertos modos de actuar que se ofrecen a la gente como inevitables. La manipulación de los medios de comunicación es el instrumento con que la “razón política” se apropia del poder por imposición del conocimiento.


Así se llama el libro que mi amigo Bwokaa (que tuvo algo que ver con la edición española) me regaló. Es una recopilación de anécdotas, curiosas y divertidas, relacionadas con la ciencia y los científicos escrita por Walter Gratzer. Para muestra, una de ellas, que fue contada por el físico George Gamow y que está ambientada en los turbulentos tiempos de la Revolución Rusa: