Te acordas, hermano, que tiempos aquellos…

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Implantes. Esos no son sus recuerdos, son los de algún otro. Los de la sobrina de Tyrrell.
Blade Runner

Somos quienes recordamos que somos. Cada mañana despertamos y cargamos en nuestra cabeza un programa, nuestros recuerdos, porque en definitiva somos eso, una fábrica de recuerdos en continuo movimiento, recuerdos que nos identifican y nos dan un lugar dentro del mundo que nos rodea. Pero algunos estudios indican que la naturaleza de los recuerdos puede alterarse, y si pude hacerse eso, nuestra identidad queda en entredicho. Inclusive, como ya comenté en algún otro post, los cerebros del márketing (que serían de los primeros en arder en mi infierno si yo fuera el demonio) están estudiando como crear recuerdos artificiales, ligados a una marca. Coca-cola, que siempre se preocupa de que sus campañas publicitarias sean “emotivas”, es lider en esa tendencia. Y quien sabe, talvez nosotros odiábamos la coca-cola hasta la semana pasada, momento en el cual vimos o tomamos algo que creo ese recuerdo en nuestra cabeza… suena idiota pero podría no serlo. ¡Es tan seguro vivir en el mundo ¿real? de nuestros recuerdos!

Les copio abajo algunos vínculos del sitio Tendencias 21 que hablan sobre esto. Puestos todos juntos, no me digan que no dan un poco de miedo:

Consiguen implantar falsos recuerdos en la memoria mediante técnicas de sugestión – 23/02/2003

Médicos británicos recrean vivencias de “déjà vu” en laboratorio – 04/02/2006

El cerebro es capaz de inventar recuerdos de hechos que nunca ocurrieron – 23/10/2004

La memoria puede apropiarse de los recuerdos de otros – 21/07/2006

Los recuerdos pueden ser alterados con medicamentos – 10/02/2006

Las percepciones sensoriales no siempre responden a la realidad – 16/11/2005

Registran una patente para recrear mundos virtuales dentro del cerebro – 10/04/2005

De acá a Matrix, va quedando poco, si no llegamos ya.

Actualización: Creo que el titulo de este post podría cambiarse por: Te acordás humano, que tiempos aquellos…

El presente es inalcanzable para el cerebro

reloj.jpgNuestra percepción está atrasada medio segundo respecto al tiempo real de los acontecimientos. El cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre. Así lo explica el neurólogo de California Benjamín Libet en su nuevo libro “Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness”, que suscita nuevos interrogantes sobre los mecanismos de la conciencia. Libet ha constatado que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por una persona, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.

En uno de sus experimentos, Libet puso electrodos sobre el córtex somatosensitivo de pacientes despiertos. El córtex somatosensitivo es la región del cerebro sobre las que circulan las informaciones sensoriales registradas a lo largo del cuerpo. Con la ayuda de una débil corriente eléctrica, Libet provocó sensaciones en la superficie de la piel de los pacientes cuya duración temporal variaba deliberadamente. Comprobó que si disminuía la duración de los impulsos eléctricos, los pacientes percibían cada vez menos esta agresión y que por debajo de las 500 milésimas de segundo, no se enteraban de lo que ocurría sobre su piel.

No es la primera vez que Benjamin Libet sorprende con sus descubrimientos sobre la conciencia. Anteriormente había demostrado también que nuestro cerebro toma las decisiones casi un segundo antes de que las asumamos conscientemente. Esta constatación ha llevado a algunos científicos, como Wolf Singer, a dudar de la real existencia del libre albedrío. Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de cirugía cerebral. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba electrónicamente su actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que hay un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.

(Vía Un toque de azufre)