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13jun/060

Los Campos Morfogenéticos

sheldrake.jpg.Estoy leyendo un libro del Dr. Rupert Sheldrake, el polémico filósofo y biólogo autor de la Teoría de los Campos Morfogenéticos. El libro en cuestión se llama "Siete experimentos que pueden cambiar el mundo" y trata de aquellas incógnitas científicas que, según el autor

Como la ciencia institucional se ha vuelto tan conservadora, tan limitada por los paradigmas convencionales, algunos de los problemas más fundamentales o bien permanecen ignorados, o tratados como tabúes, o relegados al fondo de la agenda científica. Porque constituyen anomalías, porque no encajan.

Entre estas cuestiones Sheldrake cita la orientación de las palomas y otros animales migratorios (para lo cual aún no hay una explicación concluyente), el poder de ciertos animales domésticos de encontrar su casa habiendo sido abandonados o habiéndose perdido a grandes distancias (yo mismo he conocido de estas historias de primera mano), los animales que saben cuándo regresan sus dueños a sus casas, la organización de las termitas, la sensación de ser observado y la realidad de los miembros fantasma. Sheldrake opina que la biología clásica está estancada en una visión mecanicista producto de su visión basada en la física clásica, mientras que la física si ha avanzado, habiendo la física cuántica - de moda últimamente - abierto un gigantesco abanico de posibilidades y llegando a, según otros autores, cuestionar la propia naturaleza de la realidad.
Sheldrake desarrollaría luego su Teoría de los Campos Morfogenéticos citada más arriba (teoría porque ha dejado de ser hipótesis al ser comprobada por numerosos experimentos) segun la cual, según el artículo de redcientifica.com,

Es como si dentro de cada especie del universo, sea ésta una partícula o una galaxia, un protozoo o un ser humano, existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel sub-cuántico fuera del espacio y el tiempo. Este vínculo es lo que Sheldrake denomina campo mórfico o morfogenético. Al tratarse de una transmisión de información y no de energía, ello no contradice la Teoría de la Relatividad. Por ejemplo, un roedor australiano puede conocer sin que exista transmisión material, simplemente por resonancia mórfica, algo aprendido por un roedor de su misma especie en Leningrado. Siguiendo con el ejemplo, si llevásemos desde Leningrado a Australia un enemigo natural del citado roedor, el pariente australiano del roedor reconocería al momento a su enemigo al igual que lo hacía su pariente ruso.

La verdad, es un tema apasionante, que está atentando contra mi visión cientificista dura de la vida (y talvez ya era hora). Los monjes negros del escepticismo han llegado a proponer la hoguera (espero que en sentido figurado) para el Dr. Sheldrake. Para los que les interese el tema - y talvez tendría que ser uno de los temas más importantes de la ciencia en estos momentos - vuelvo a recomendar la lectura de el artículo de REDcientifica.com sobre su cuestionada teoría.

Tal vez esto tenga que ver con aquello de los tornillos que comentaba en la nota anterior hace unos días. ¿Sincronicidad? Voy a seguir este tema, ya les contaré. Y ahora que lo pienso, talvez la física cuántica logre rescatar un tanto al vapuleado Dr. Jung