Soñé 2

Soñé que iba por una gran galería antigua en penumbras, con el techo muy alto. Flotando en el aire podían verse grandes peces luminosos, como de uno o dos metros, estáticos. En realidad no eran peces, más bien era como si pudiera ver la energía eléctrica de los peces, traslúcida y de color dorado. Era una visión increíblemente hermosa y no me salían las palabras de la emoción. Quise acercarme a tocar uno, que estaba quieto, como los demás, a unos dos metros del suelo; y me di cuenta de que no podía tocarlo porque estaba dentro de un trozo de hielo muy grande, pero tan transparente que era prácticamente invisible. Pero al tocarlo, con el calor de mi mano se fundió una gota de agua, que rodó por la superficie. Me quedé allí parado, maravillado de tanta hermosura.

Soñé 1

Aquí estamos de nuevo, en este rincón obscuro de una computadora que casi ni funciona, como debe ser. De todas maneras, no me imagino nada más infame que la fama. Y aquí va.

Era un día nublado. Iba en un auto, viejo y grande. Miré al conductor: era mi hijo mayor. Que raro, pensé; mi hijo es muy chico como para conducir. Ibamos por una calle que era todo barro, dando tumbos con el coche. Llegamos a un casa, grande, fea y cuadrada, rodeada por una reja. En la puerta, había un tipo vigilando. Vengo a ver a mi padre, le dije. Nos dejó pasar.
Entré en una habitación, muy grande y a oscuras. En un rincón, se veía otra habitación, pequeña e iluminada. Entre, había una mesa de madera y mi viejo estaba sentado junto a ella. Sentate, me dijo. Nos quedamos en silencio. Miré abajo de la mesa, que era de esas con una sola pata en el centro. Sobre la pata, había hormigas, muchas hormigas, algunas rojas y otras negras, de unos diez centímetros de largo. Las hormigas estaban quietas, las miré más de cerca y parecían temblar. Esto está lleno de hormigas, dije. Mi viejo me respondió no importa, a mi me gustan las hormigas. Lo miré y él era una hormiga, una hormiga de dos metros de alto sentada al lado mío. Agarró una hormiga y se la comió. Por eso tiemblan las hormigas, pensé.
Salí de la habitación. En el cuarto grande a oscuras, tan grande que no se veía su fin, vi en la penumbra que había mucha gente durmiendo en el suelo. Todos sobre una manta, y repartidos muy regularmente, como una trama. Cerca mío estaba mi madre, durmiendo también. Me acerque, le toqué el hombro y le dije mamá, papá es una hormiga. Sí, sí, me dijo, vení, dormí.